La literatura renacentista forma parte de un movimiento
más general del Renacimiento que experimenta la cultura occidental en los
siglos XV y XVI, aunque sus primeras manifestaciones pueden ser observadas en
la Italia de los siglos XIII y XIV. Se caracteriza por la recuperación
humanista de la literatura clásica grecolatina y se difunde con gran pujanza
gracias a la invención de la imprenta hacia 1450.
La novedad afecta tanto a los temas como a las formas.
Entre los primeros cabe destacar el antropocentrismo, el interés por la
naturaleza y la recuperación de la mitología clásica. La filosofía recupera las
ideas platónicas y las pone al servicio del cristianismo. La búsqueda del
placer sensorial y el espíritu crítico y racionalista completan el ideario de
la época. En cuanto a los aspectos formales, se recupera la preceptiva clásica
(cuya raíz está en la Poética de Aristóteles), basada en el principio artístico
de la imitación. También se desarrollan nuevos géneros (como el ensayo) y
modelos métricos (entre los que destaca el soneto como forma estrófica y el endecasílabo
como tipo de verso).
Los precedentes de Dante, Petrarca y Boccaccio dan lugar
a un esplendor de la literatura renacentista en Italia en el siglo XVI. La
figura directriz del gusto poético renacentista de ese siglo será Pietro Bembo,
que escribió canciones petrarquistas y sonetos, pero sobre todo, se erigió en
el árbitro de la literatura italiana de su tiempo, que fue el centro de
irradiación internacional de este movimiento.
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